ELECCIONES, NO! GUERRA POPULAR, SI! (5)

He aquí el boicot y su éxito incontrastable, boicot que desarrolla la tendencia del pueblo contra las elecciones y sirve a la guerra popular; y el resultado de las elecciones de abril del 90, elecciones que, al reves de lo deseado por la reacción y el imperialismo, ha debilitado el sistema socavando su llamada legitimación (problema de importancia para su guerra contrasubversiva), cuestión obviamente de graves repercusiones para el orden inperante. Para concluir, sobre elecciones y boicot baste recordar los siguientes párrafos del ya citado "Desarrollar...":

"Lo fundamental de estos cuadros es que la suma de los no inscritos, no votantes y quienes votaron nulo y en blanco suman millones; esta gran masa se integra por no inscritos, esto es quienes se desarrollan al margen del sistema político imperante o están abiertamente en contra del mismo; por no votantes, quienes están en contra de las elecciones o no les interesan; y por votos nulos o blancos de quienes cumpliendo formalmente con la obligación impuesta no esperan nada de las elecciones o no están de acuerdo con ninguno de los partidos participantes. En términos generales esta ingente masa ciudadana expresa rechazo, distanciamiento o indiferencia frente al sistema imperante, sus elecciones para escoger opresores y sus partidos como instrumentos al servicio del mantenimiento del orden, su preservación y evolución; en síntesis, la negación y cuestionamiento objetivos y palmarios de la sociedad peruana y sus instituciones, del sistema social históricamente caduco que debe ser necesariamente barrido, como ya se esta haciendo con las armas pues no hay otra forma de hacerlo en pro de una nueva sociedad que realmente sirva al pueblo."

Y: "El Partido Comunista del Perú, en estas últimas elecciones como en anteriores solo se abocó a llamar al boicot, a entorpecerlas y a impedirlas solo donde fuera posible, mas no impedir todo el proceso como la reacción ha pretendido imputar al Partido para conquistar un falso triunfo a falta de verdaderos; pero la tendencia histórica principales la fusión de la guerra popular que dirige el Partido con ese gran torrente que suman los millones de no inscritos, no votantes y quienes votaron en blanco o nulo; es este torrente al cual el Partido está coadyuvando a estructurar como parte del mar de masas armadas que barrerá necesariamente el viejo orden de explotación y opresión."

Hasta aquí el desarrollo de la guerra popular y del boicot como parte de la misma; pero lo principal, la cuestión trascendental que concentra nuestra atención como consecuencia necesaria del camino seguido es la conquista del Poder en todo el país como brillante perspectiva de la guerra popular; máxime si consideramos los años turbulentos y decisivos de la sociedad peruana que se potenciarán más aún, y muy en especial la sumamente compleja lucha de clases del mundo actual. Por ello tengamos más presentes que nunca las palabras de Mariátegui: "Soy revolucionario. Pero creo que entre hombres de pensamiento neto y posición definida es fácil entenderse y apreciarse, aún combatiéndose. Sobre todo, combatiéndose. Con el sector político con el que no me entenderé nunca es el otro: el del reformismo mediocre, el del socialismo domesticado, el de la democracia farisea. Además, si la revolución exige violencia, autoridad, disciplina, estoy por la violencia, por la autoridad, por la disciplina. Las acepto, en bloque, con todos sus horrores, sin reservas cobardes."

Y sobre todo lo que Marx, el gran fundador del marxismo, estableciera: "Sólo en un orden de cosas en el que ya no existan clases y antagonismo de clases, las evoluciones sociales dejarán de ser revoluciones políticas. Hasta que ese momento llegue, en vísperas de toda reorganización general de la sociedad, la última palabra de la ciencia social será siempre: 'Luchar o morir; la lucha sangrienta o la nada. Es el dilema inexorable"'.

IV. ELECCIONES, NO! GUERRA POPULAR SI!

Enarbolar más aún el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente el maoísmo, es decisivo para conquistar el Poder en todo el país, construir la República Popular del Perú y servir a la revolución proletaria mundial; coger más firmemente la invicta e inmarcesible ideología del proletariado en sus tres partes integrantes, la filosofía marxista, la economía política proletaria y el socialismo científico, no sólo para comprender el mundo sino principalmente transformarlo. Basar siempre la política en la todopoderosa verdad del marxismo-leninismo-maoísmo; hoy más que nunca cuando el marxismo enfrenta el siniestro ataque convergente de la nueva ofensiva contrarrevolucionaria revisionista encabezada por Gorbachov y Teng y del imperialismo. Más hoy cuando la proterva y sangrienta contrarrevolución mundial sueña con barrer al proletariado y su insustituible papel histórico , apuntando contra el corazón de la clase, su ideología, el marxismo-leninismo-maoismo; clase de la cual el Presidente Mao dijo: "El proletariado es la más grande clase en la historia de la humanidad. Es la clase revolucionaria más poderosa en lo ideológico, en lo político y por su fuerza; puede y debe unir en torno suyo a la aplastante mayoría para aislar al máximo al puñado de enemigos y atacarlo". Por esto, debemos partir de lo establecido por el Primer Congreso del Partido en la primera parte del Programa, resaltando los principios básicos:

" PROGRAMA

El Partido Comunista del Perú se fundamenta y guia por el marxismo-leninismo-maoismo, principalmente maoismo y, específicamente, por el pensamiento gonzalo como aplicación creadora de la verdad universal a las condiciones concretas de la revolución peruana hecha por el Presidente Gonzalo, jefe de nuestro Partido.

El Partido Comunista del Perú, vanguardia organizada del proletariado peruano que es parte integrante del proletariado internacional, asume muy especialmente los siguientes principios básicos:

* La contradicción, ley fundamental única de la incesante transformación de la materia eterna;

* Las masas hacen la historia y "La rebelión se justifica";

* Lucha de clases, dictadura del proletariado e internacionalismo proletario;

* Necesidad del Partido Comunista marxista-leninista-maoísta que aplique con firmeza la independencia, la autodecisión y el autosostenimiento;

* Combatir el imperialismo, el revisionismo y la reacción indesligable e implacablemente;

* Conquistar y defender el Poder con la guerra popular;

* Militarización del Partido y construcción concéntrica de los tres instrumentos de la revolución;

* Lucha de dos líneas como fuerza impulsora del desarrollo partidario;

* Transformación ideológica constante y poner siempre la política al mando;

* Servir al pueblo y a la revolución proletaria mundial; y,

* Desinterés absoluto y justo y correcto estilo de trabajo."

De la ideología del proletariado, del marxismo-leninismo-maoismo necesitamos centrar la atención, hoy, en las siguientes cuestiones, pero en los propios textos de los clásicos. Comencemos por como Marx definio el comunismo, en 1850, en "La lucha de clases en Francia": "el proletariado va agrupándose más y más en torno al socialismo revolucionario, en torno al comunismo,...Este socialismo es la declaración de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que estas descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales."(Lo subrayado esta en cursiva en el original; igualmente será en las citas que siguen).

SOBRE LA VIOLENCIA REVOLUCIONARIA Y EL CRETINISMO PARLAMENTARIO.

La violencia revolucionaria y el cretinismo parlamentario forman una contradicción antagónica y evidentemente una cuestión fundamental del marxismo. Ya Marx hablo de la violencia como partera de la historia y en el Manifiesto, Junto con Engels, sentó: "Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes también ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella mas que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. !PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIOS!". Así como Lenin escribió: "Sin una guerra civil no ha habido todavía ninguna revolución importante en la historia, sin una guerra civil ningún marxista serio se imagina el tránsito del capitalismo al socialismo"; reiterando que "entre el capitalismo y el socialismo media un largo período de 'dolores de parto'-que la violencia es siempre la partera de la vieja sociedad" y que el Estado burgues "no puede sustituirse por el Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la 'extinción', sino solo, por regla general, mediante la revolución violenta"; así como insistió en que "la necesidad de educar sistemáticamente a las masas en ésta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta, es algo básico de toda la doctrina de Marx y Engels". De igual manera el Presidente Mao Tsetung partiendo de "todos los comunistas tienen que comprender esta verdad: El poder nace del fusil", estableció "...en sociedad de clases las revoluciones y las guerras revolucionarias Son inevitables, pues sin ellas no puede haber saltos en el desarrollo social, las clases dominantes reaccionarias no pueden ser derrocadas ni el pueblo puede conquistar el poder político"; "la tarea central y la forma superior de una revolución es la toma del Poder por medio de las armas, es la solución del problema por medio de la guerra. Este principio marxista-leninista de la revolución tiene validez universal, tanto en China como en los demás países"; y, "La experiencia de la lucha de clases en la era del imperialismo nos enseña que sólo mediante el poder del fusil pueden la clase obrera y las masas trabajadoras derrotar a la burguesía y los terratenientes armados; en este sentido podemos decir que solamente con fusiles puede transformarse el mundo entero". En cuanto al cretinismo parlamentario condenado por Marx, Lenin fue sumamente contundente: "Los bernstenianos aceptaron y aceptan el marxismo con excepción de su aspecto directamente revolucionario . Consideran la lucha parlamentaria no como uno de los medios de lucha que se utiliza particularmente en ciertos períodos históricos, sino como la forma de lucha principal y casi la exclusiva, que hace innecesarias la `violencia', la `toma', la `dictadura'." Y: "Sólo los bribones o los tontos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el Poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo Poder."; y: "Esto es ya el más puro y el más vil oportunismo, es ya renunciar de hecho a la revolución acatándola de palabra." (Las citas de Lenin en este párrafo corresponden al folleto "La revolución proletaria y el revisionismo de Jruschov" del PCCh). Ligada a esta contradicción tener en cuenta la posición de Marx sobre las elecciones, ya transcrita, sobre la periódica autorización a los oprimidos para que elijan a sus opresores; y principalmente la del Presidente Mao: "Algunos dicen que las elecciones son algo muy bueno y algo muy democrático. Por lo que a mí respecta, elecciones es sencillamente una palabra rimbombante, y no creo que hayan ningunas elecciones genuinas. El distrito de Pekín me ha elegido a mí para servir como representante a la Asamblea, Nacional Popular, pero cuántos en Pekín realmente me entendían? Yo percibo que el cargo de Premier de Chou En-lai fue un nombramiento del Comité Central."

Estrechamente vinculada a la cuestión de la violencia revolucionaria y el cretinismo parlamentario, está la inobjetable y demoledora posición de Lenin sobre el revisionismo en el frente sindical, planteada en "La bancarrota de la II Internacional":

"Las organizaciones legales de masas de la clase obrera son tal vez el signo distintivo más importante de los partidos socialistas correspondientes a la época de la II internacional...Era evidente que el paso a las acciones revolucionarias significaba la disolución de las organizaciones legales por la policía, y el viejo partido, desde Legien hasta Kautsky inclusive, sacrificó los objetivos revolucionarios del proletariado al mantenimiento de las actuales organizaciones legales. Por mucho que se quiera negarlo, el hecho está ahí. El derecho del proletariado a la revolución ha sido vendido por el plato de lentejas de unas organizaciones autorizadas por la ley policiaca vigente.

Un cuadro muy edificante. Esta gente ha sido tan corrompida y tan embrutecida por la legalidad burguesa que ni siquiera puede comprender la necesidad de otras organizaciones, la necesidad de unas organizaciones ilegales que dirijan la lucha revolucionaria. Esta gente ha llegado a imaginarse que los sindicatos legales, existentes por gracia de la autorización policiaca, representan un límite, mas allá del cual no se puede pasar; que se puede concebir, en general, el mantenimiento de esos sindicados en época de crisis como sindicatos dirigentes. Ahí tenéis la dialéctica viva del oportunismo: el simple crecimiento de los sindicatos legales, la simple costumbre de unos filisteos algo obtusos, aunque concienzudos , a no hacer más que llevar libro de contabilidad, ha tenido por consecuencia que en el momento de la crisis estos concienzudos filisteos se han convertido en unos traidores, en unos tránsfugas, en unos estranguladores de la energía revolucionaria de las masas. Y esto no ha ocurrido por azar. El tránsito a la organización revolucionaria es una necesidad, lo exige el cambio de la situación histórica, lo reclama la época de las acciones revolucionarias del proletariado; pero este tránsito sólo es posible si se realiza pasando por encima de los antiguos líderes, estranguladores de la energía revolucionaria, pasando por encima del viejo partido, destruyéndolo.

Pero los filisteos contrarrevolucionarios, como es natural, claman: "anarquismo"; igual que clamaba "anarquismo" el oportunista E. David cuando arremetía contra Carlos Liebknecht. Por lo visto, los únicos socialistas honrados que quedan en Alemania son los dirigentes a quienes los oportunistas acusan de anarquismo..."

SOBRE LA LUCHA DE CLASES.

La lucha de clases y cómo guiarnos en ella es otra cuestión fundamental, especialmente hoy, del marxismo-leninismo-maoísmo. Veamos lo establecido por Marx sobre la emancipación del proletariado en "Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores":

"Considerando: que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo dominio de clase; que el sometimiento económico del trabajador a los monopolizadores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de toda mi seria social, degradación intelectual y dependencia política; que la emancipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, el gran fin al que todo movimiento político debe ser subordinado como medio;

En su lucha contra el poder unido de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar como clase mas que constituyéndose el mismo en partido político distinto y opuesto a todos los antiguos partidos políticos creados por las clases poseedoras. Esta constitución del proletariado en partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la Revolución social y de su fin supremo: la abolición de las clases.

La coalición de las fuerzas de la clase obrera, lograda ya por la lucha económica, debe servirle asimismo de palanca en su lucha contra el Poder político de los explotadores.

Puesto que los señores de la tierra y del capital se sirven siempre de sus privilegios políticos para defender y perpetuar sus monopolios económicos y para sojuzgar al trabajo, la conquista del Poder político se ha convertido en el gran deber del proletariado".

O sobre la lucha sindical en "Salario, precio y ganancia":

"el desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista en contra del obrero, y que, como consecuencia de esto, la tendencia general de la producción capitalista no es elevar al nivel medio normal del salario, sino, por el contrario, a hacerlo bajar, empujando el valor del trabajo mas o menos a su limite mínimo. Pero si la tendencia, dentro de tal sistema, es ésta; quiere esto decir que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra los abusos del capital y deponer sus esfuerzos para aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar en parte su situación? Si lo hiciese, veriase degradada en una masa informe de hombres hambrientos y quebrantados, sin posibilidad de redención. Creo haber demostrado que las luchas de la clase obrera por obtener salarios normales son episodios inseparables de todo el sistema del salariado, que en el noventa y nueve por ciento de los casos sus esfuerzos por elevar sus salarios no son más que esfuerzos dirigidos a mantener en pie el valor dado de su trabajo, y que la necesidad de forcejear con el capitalista acerca de su precio va unida a la situación en que se ve colocado el obrero y que le obliga a venderse así mismo como una mercancía. Si en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían ellos mismos para emprender otros movimientos de mayor envergadura.

Pero, al mismo tiempo, y aun prescindiendo totalmente del esclavizamiento general que entraña el sistema del salariado, la clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que logra contener el movimiento descendente, pero no cambia su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto entregarse por entero a esta guerra de guerrillas, que es inevitable y a la que la empujan continuamente los abusos incesantes del capital o las fluctuaciones del mercado. Debe saber que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de `Un salario justo por una jornada de trabajo justa!', deberá escribir en su bandera esta consigna revolucionaria: `Abolición del sistema del trabajo asalariado!'

Los sindicatos trabajan bien como centros de resistencia contra los abusos del capital. Fracasan, en algunos casos, por usar poco inteligentemente su fuerza. Pero, generalmente, fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en vez de esforzarse, al mismo tiempo, por cambiarlo, en vez de emplear sus fuerzas organizadas como palanca para la emancipación final de la clase obrera; es decir, para la abolición definitiva del sistema del trabajo asalariado."

Y sobre la revolución lo sentado por Engels: "En la política no existen mas que dos fuerzas decisivas: la fuerza organizada del Estado, el ejército y la fuerza no organizada, la fuerza elemental de las masas populares"; así como:

"Después del primer éxito grande, la minoría vencedora solía escindirse; una parte estaba satisfecha con lo conseguido; otra parte quería ir todavía mas allá y presentaba nuevas reivindicaciones, que, en parte al menos, iban también en interés real o aparente de la gran muchedumbre del pueblo. En algunos casos, estas reivindicaciones mas radicales prosperaban también; pero, con frecuencia, sólo por el momento, pues el partido mas moderada volvía a hacerse dueño de la Situación; y lo conquistado en el último tiempo se perdía de nuevo, total o parcialmente; y entonces, los vencidos clamaban traición o achacaban la derrota a la mala suerte. Pero, en realidad, las cosas ocurrían casi siempre así: las conquistas de la primera victoria solo se consolidaban mediante la segunda victoria del partido más radical; una vez conseguido esto, y con ello lo necesario por el momento, los radicales y sus éxitos desaparecían nuevamente de la escena.

Todas las revoluciones de los tiempos modernos, a partir de la gran revolución inglesa del siglo XVII, presentaban estos rasgos, que parecían inseparables de toda lucha revolucionaria. Y estos rasgos parecían aplicables también a las luchas del proletariado por su emancipación; tanto mas cuanto que precisamente en l848 eran contados los que comprendían más o menos en qué sentido había que buscar esta emancipación." (Introducción a "La lucha de clases en Francia").

Y por el propio Marx en los siguientes párrafos:

"Exceptuando unos pocos capítulos, todos los apartados importantes de los anales de la revolución de 1848 a 1849 llevan el epígrafe de Derrota de la revolución!

Pero lo que sucumbía en estas derrotas no era la revolución. Eran los tradicionales apéndices prerrevolucionarios, las supervivencias resultantes de relaciones sociales que aún no se habían agudizado lo bastante para tomar una forma bien precisa de contradicciones de clase: personas, ilusiones, ideas, proyectos de los que no estaba libre el partido revolucionario antes de la revolución de Febrero y de los que no podía liberarlo la victoria de Febrero, sino solo una serie de derrotas. En una palabra: el progreso revolucionario no se abrió paso con sus conquistas directas tragicómicas, sino por el contrario, engendrando una contrarrevolución cerrada y potente, engendrando un adversario, en la lucha contra el cual el partido de la subversión maduró, convirtiéndose en un partido verdaderamente revolucionario"("La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850").

"Las revoluciones burguesas, como la del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan enseguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su período impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo desde el principio, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta!" (Aquí está la rosa, baila aquí!; esto es: demuestra con hechos lo que eres capaz de hacer.)."El dieciocho brumario de Luis Bonaparte"].

"En todas las revoluciones, al lado de los verdaderos revolucionarios, figuran hombres de otra naturaleza. Algunos de ellos, supervivientes de revoluciones pasadas, que conservan su devoción por ellas, sin visión del movimiento actual; pero dueños todavía de su influencia sobre el pueblo, por su reconocida honradez y valentía, o simplemente por la fuerza de la tradición; otros, simples charlatanes que, a fuerza de repetir año tras año las mismas declamaciones estereotipadas contra el gobierno del día, se han agenciado de contrabando una reputación de revolucionarios de pura cepa. Después del 18 de marzo salieron también a la superficie hombres de éstos, y en algunos casos lograron desempeñar papeles preeminentes. En la medida en que su poder se lo permitía, entorpecieron la verdadera acción de la clase obrera, lo mismo que otros de su especie entorpecieron el desarrollo completo de todas las revoluciones anteriores. Constituyen un mal inevitable; con el tiempo se les quita de en medio; pero a la Comuna no le fue dado disponer de tiempo." ("La guerra civil en Francia")

Y sobre la misma cuestión fundamental, la lucha de clases, veamos lo sentado por Lenin; así sobre insurrección armada y lucha sindical y no contraponerlas:

"Es erróneo desde el punto de vista teórico establecer un paralelo entre estas dos tareas, presentándolas como si estuviesen situadas en el mismo nivel: la `tarea de preparar la insurrección armada' y la `tarea de dirigir la lucha sindical'. Una tarea en el primer plano y otra en el segundo. Hablar así significa comparar y establecer un paralelo entre cosas de distinto orden. La insurrección armada es un medio de lucha política en un momento dado. La lucha sindical es una de las manifestaciones de todo el movimiento obrero permanentes, siempre necesarias bajo el capitalismo y obligatorias en todos los momentos. Engels, en un lugar citado por mí en Qué hacer? distingue tres formas fundamentales de la lucha proletaria: la económica, la política y la teórica, esto es, la sindical, la política y la teórica (científica, ideológica, filosófica). Cómo es posible colocar juntas una de estas formas fundamentales de lucha (la sindical) y el método propio de otra forma fundamental de lucha en un momento dado; colocar junto a la lucha sindical, como `tarea', un medio de lucha política que tiene carácter de actualidad y que se halla lejos de ser el único? Esto es simplemente absurdo...Junto a la `tarea de dirigir la lucha sindical' solo se puede colocar la tarea de dirigir toda la lucha política en general, la tarea de sostener la lucha ideológica en general y en su conjunto, y de ningún modo tales o cuales tareas parciales, determinadas y actuales de la lucha política o ideológica.

"Desde el punto de vista de la táctica, la resolución, en su forma actual, plantea las tareas de la insurrección armada de una manera muy desafortunada. La insurrección armada es el medio supremo de la lucha política. Para el éxito de la insurrección desde el punto de vista del proletariado, es decir, para el éxito de una insurrección proletaria y dirigida por la socialdemocracia, y no de otra insurrección, es preciso un amplio desarrollo de todos los aspectos del movimiento obrero. Por eso, es archidesacertada la idea de contraponer la tarea de la insurrección a la tarea de dirigir la lucha sindical. Así se rebaja y se empequeñece la tarea de la insurrección. En lugar de la suma y coronación de todo el movimiento obrero en su conjunto, se destaca aparte la tarea de la insurrección.

"El centro de gravedad no está en que los sindicatos sean 'estrechos', sino en vincular este aspecto (estrecho por ser uno solo) con los demás. Por consiguiente, o quitar ésto o hablar una vez mas de la necesidad de crear y reforzar la ligazon de un aspecto con todos los demas, impregnar a los sindicatos de un contenido social demócrata (léase comunista). de propaganda socialdemócrata, incorporarlos a toda la labor socialdemócrata, etc."

"Los sindicatos podrían ampliar la base de la que nosotros extraigamos la fuerza para la insurrección, de modo que, lo diré una vez más, es erróneo contra poner lo uno a lo otro...

"Es preciso no quedar al margen y, por encima de todo, no dar motivo para pensar que hay que quedar al margen, sino esforzarse por participar, por influir, etc. Pues hay una capa especial de obreros, los de edad madura, los que tienen familia, que aportan muy poco en la lucha política ahora, pero mucho en la lucha sindical. Hay que aprovechar esta capa, orientando sus pasos en este aspecto de la lucha. Para la socialdemocracia de Rusia es importante actuar con tino desde el comienzo mismo en los sindicatos, crear enseguida una tradición de iniciativa socialdemócrata , de participación socialdemócrata y de dirección socialdemócrata en este aspecto. Desde luego, pueden faltar fuerzas en la práctica, pero esto ya es una cuestión muy distinta; a demas, si se sabe utilizar todas las diversas fuerzas, siempre las encontraremos también para los sindicatos. Se han encontrado fuerzas para escribir una resolución sobre los sindicatos, es decir, para dirigirlos ideológicamente, y en esto está el quid!" ("A S.I.Gusev").

O hablando de "nuevos métodos de enseñar el dogma", "las verdades del marxismo":

"Una época revolucionaria es para la socialdemocracia (como en todos los casos léase comunismo) lo mismo que los tiempos de guerra para un ejército. Es preciso multiplicar los cuadros de nuestro ejército, hacer que de reemplazos de paz se conviertan en reemplazos de guerra, movilizar las reservas, encuadrar bajo las banderas a los permisionarios, organizar nuevos cuerpos, destacamentos y servicios auxiliares. No hay que olvidar que en la guerra es inevitable y necesario completar filas con reclutas menos preparados, reemplazar a cada paso a oficiales con simples soldados, acelerar y simplificar la promoción de soldados como oficiales.

Hablando sin metáforas: es preciso ampliar en gran medida toda clase de organizaciones del Partido o afectas a él para ir, siquiera sea en cierto grado, al compás del torrente centuplicado de la energía revolucionaria popular. Esto no significa, claro esta, que se deba relegar la firme preparación y la instrucción sistemática en las verdades del marxismo; pero es preciso tener en cuenta que ahora, en la preparación y en la instrucción, revisten mucha mas importancia las propias acciones militares, que educan a los no iniciados precisa y exclusivamente en nuestro espíritu. Es preciso tener presente que nuestra fidelidad 'doctrinaria' al marxismo se reafirma ahora por el hecho de que el curso de los acontecimientos revolucionarios da en todas partes lecciones concretas a las masas, y todas estas lecciones corroboran precisamente nuestro dogma. Por consiguiente, nosotros no hablamos de renunciar al dogma, ni de atenuar nuestra desconfianza y nuestros recelos hacia los intelectuales indefinidos y los botarates revolucionarios, sino todo lo contrario. Hablamos de los nuevos métodos de enseñar el dogma, métodos que un socialdemócrata no puede olvidar. Hablamos de lo importante que ahora es utilizar las lecciones concretas de los grandes acontecimientos revolucionarios para enseñar, no ya a los círculos, sino a las masas, nuestras viejas lecciones 'dogmáticas' relativas, por ejemplo, a la necesidad de fundir prácticamente el terror con la insurrección de las masas y a que tras el liberalismo de la sociedad instruída rusa es preciso saber advertir los intereses de clase de nuestra burguesía.

O sea que no se trata de debilitar nuestras exigencias socialdemócratas y nuestra intransigencia ortodoxa, sino de reforzar lo uno y lo otro por nuevos caminos, con nuevos métodos de instrucción. En tiempos de guerra es preciso instruir a los reclutas directamente en las acciones militares. Asimilad, pues, con más audacia los nuevos métodos de instrucción, camaradas! Formad con más audacia nuevos y nuevos destacamentos, enviados al combate, reclutad más jóvenes obreros, ampliad los marcos habituales de todas las organizaciones del Partido, comenzando por los comités y terminando por los grupos de fábrica, sindicatos de taller y círculos estudiantiles! Recordad que toda lentitud por nuestra parte en esta obra redundará en beneficio de los enemigos de la socialdemocracia, pues los nuevos arroyos buscarán salida inmediatamente y, al no encontrar un cauce socialdemócrata, buscarán otros cauces. Recordad que cada paso práctico del movimiento revolucionario enseñará de manera inevitable e indefectible a los jóvenes reclutas precisamente la ciencia socialdemócrata, puesto que esta ciencia se basa en la apreciación objetiva y exacta de las fuerzas y tendencias de las diferentes clases, y la revolución no es otra cosa que la destrucción de las viejas superestructuras y la acción independiente de las diferentes clases, que tienden a crear a su modo una nueva superestructura. Pero no rebajéis nuestra ciencia revolucionaria reduciéndola a un dogma libresco, no la envilezcáis con frases miserables sobre la táctica-proceso y la organizatión-proceso, con frases que justifican la confusión, la indecisión y la falta de iniciativa. Dejad ancho campo a las más diversas iniciativas de los grupos y círculos más diferentes, teniendo presente que su acierto en la elección de camino está asegurado, no sólo y no tanto por nuestros consejos como por los dictados inexorables de la propia marcha de los acontecimientos revolucionarios. Se ha dicho hace ya mucho que en política hay que aprender a menudo del enemigo. Y en los momentos revolucionarios, el enemigo nos impone siempre justas deducciones con singular ejemplaridad y rapidez."("Nuevas tareas y nuevas fuerzas").

O planteando la necesidad de "arduas acciones preparatorias":

"hoy te ponen en la mano la papeleta electoral: tómala aprende a organizarte para golpear con ella a tus enemigos y no para enviar al parlamento a unos prebendados que se aferran al escaño por temor a la cárcel. Mañana te quitan la papeleta electoral y te ponen en la mano un fusil y un excelente cañón de tiro rápido, última palabra de la técnica: toma estos instrumentos de muerte y destrucción, no prestes oído a los jeremías sentimentales que temen la guerra; en el mundo aún quedan demasiadas cosas que deben ser destruidas por el hierro y por el fuego para emancipar a la clase obrera, y si en las masas crecen la ira y la desesperación, si hay una situación revolucionaria, prepárate para crear nuevas organizaciones y para utilizar esos instrumentos tan útiles de muerte y destrucción contra tu gobierno y tu burguesía.

No es fácil hacerlo, no cabe duda. Para ello harán falta arduas acciones preparatorias. Se requerirán muchos sacrificios. Es una nueva forma de organización y de lucha, que también debe ser aprendida, pero la ciencia no se adquiere sin errores ni derrotas. Esta forma de la lucha de clases es a la participación en las elecciones lo que el ataque es a las maniobras, a las marchas o a la permanencia en las trincheras. En la historia esta forma de lucha está muy pocas veces a la orden del día, pero en cambio su significación y sus consecuencias se extienden a decenios enteros. Los días en que se puede y se debe poner a la orden del día estas formas de lucha equivalen a veintenas de años de otras épocas históricas."("La bancarrota de la II Internacional").

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